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Prólogo a la Segunda Edición
Hojeando la revista Santiago Guitarra y Copla en el kiosco de Bala, me encontré con uno de mis cuentos. Me alegró que una publicación tan difundida se hubiese hecho eco de mi trabajo. Esa alegría se empañó un poco al constatar que había sido impresa con varios errores, algunos importantes.
Tiempo después nos topamos con Juan Carlos Carabajal en el centro, y al reclamarle yo por dichos errores, los atribuyó como excusa al modo como había llegado este cuento a su poder. Y me narró la siguiente historia:
Una oyente de su programa radial -como se sabe, muy popular en el interior-lo llamó pidiéndole que leyera al aire el cuento de "El Manchachicoj". Carabajal contestó que no lo tenía, ni se daba mucha cuenta de dónde conseguirlo. Pidió a la oyente que se lo enviara. Al poco tiempo recibió por correo, desde Clodomira, "El Manchachicoj". En la carta que lo acompañaba, le pedían disculpas porque, para no desprenderse de la hoja de diario donde había sido originalmente publicado... su lectora lo había copiado completamente, a mano. Ello explicaba -según el folclorista- los mencionados errores de la transcripción: "Decidimos publicarlo -contó Carabajal-cuando nos llamaban por teléfono para pedirnos que lo leamos, una y otra vez".
Pese a que hubiese sido muy fácil obtener el cuento del libro, por entonces bastante difundido en Santiago, esta anécdota significó para mí una satisfacción. Más grande que cualquier premio, obtenido de algún jurado supuestamente prestigioso. Pues quien estaba valorando mi trabajo era, justamente, alguien en quien constantemente había pensado al escribir. Una integrante de mi pueblo -al cual amo y de cuya savia cultural me he nutrido. Una anónima y sensible lectora, que hizo suya esa historia, con pleno derecho, pues las historias de un narrador, cuando nacen de su corazón, pertenecen a todos.
Ahora este libro ha hecho su propio camino, y está siendo usado como texto en varios niveles. Ello no deja de alegrarme: a un escritor enorgullece su obra, como al carpintero conmovido al ver un niño cómodamente sentado en la sólida silla construida por sus manos. Ambos han tratado de poner lo mejor de sí en el trabajo, para beneficiar a su prójimo.
J.C.
Santiago del Estero, 8 de abril de 1997.
Post Data: Como suele suceder en nuestro ordenamiento social primario, que los individuos reproducen una y otra vez, desde su origen, el editor olvidó o no consideró rentable la reedición de este libro en su momento. Dejo intocadas, sin embargo, las líneas optimistas del prólogo. Conservo la esperanza de su posible utilidad a generaciones futuras, menos atribuladas por afanes estrictamente subsistenciales que las presentes.
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