El Malamor - Cuentos - Julio Carreras (h)


El ciego 

Gualberto, el ciego, camina 
sin ver, 
por la orilla de los acantilados. Abajo, 
ruge el mar. 
A lo lejos, en lo profundo, los afilados picos de los riscos. 
Gualberto tantea, con el extremo de su bastón: se confunde. Pero recupera el aplomo y prosigue. 
La brisa surca las estrías de su pelo. 
Bruscamente un chillido de gaviota lo sobresalta y pierde pie. Un pedazo de orilla cede bajo su cuerpo y se desmorona. 
Cae. 
El bastón escapa de sus manos. 
Le parece que vuela (presiente los cuchillos de los riscos, abajo, esperándolo). 
Gualberto, el ciego, va a morir. 
De pronto la escena se da vuelta; 
El ciego, en vez de hundirse, sube. Siente en la piel la brisa y a su lado van pasando hacia el mar los algodones de las nubes. 
Ve. 
Gualberto, el ciego, ha pronunciado el nombre de Dios 


 

 

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