El Malamor - Cuentos - Julio Carreras (h)


Danza de la materia y el alma 



En semejantes días parece que cada perturbación y trastorno de nuestra alma se refleja en el 
mundo circundante y lo altera. 
Hermann Hesse 
("Alma de niño") 


El transcurrir del universo se va desenvolviendo, alrededor de nosotros. Y adentro, la constelación de la bioexistencia y la bioesencia personal. Los movimientos de lo exterior gravitan en nuestra forma; nuestra forma y nuestro pensamiento en lo exterior. 
En el suceder se va decantando el cuerpo individual, en armoniosa amistad con la materia. La materia se expande con amorosa flexibilidad para acogernos. O se estrecha para expulsarnos. Como los amantes que alternan la comunión extática con arrebatos de furia, el mundo nos atrae y nos repele sucesivamente. El Universo es un corazón. 
La tierra que nos ha parido ya no nos reconoce totalmente, hasta nuestra muerte. Luego de muertos, acoge de nuevo nuestra materia, como hijos amados que irán a enriquecerse en la unión. 
Hay un plano metafísico. Aunque la palabra "metafísica" ha sido usada sin respeto -como casi todas las palabras significativas-es apropiada. En ese plano se suceden, exteriormente, movimientos de conformación y drama; como una composición monumental. 
¿Con qué podremos compararlos? Cuando las tropas del emperador Napoleón avanzaban por millones sobre los campos... si uno hubiera podido verlas desde el aire le habrían parecido una sola masa fluctuante, ensanchándose y encogiéndose al ritmo del tambor o de las irregularidades del suelo. Mirarlas de al lado de uno de los soldados hubiera significado tener en cuenta con preponderancia sus arneses, el olor a sudor, las botas, los uniformes, el entrechocar de las armas de los que caminan a nuestro lado, sus innumerables detalles. Una percepción que se iría diluyendo a medida que dirigiéramos la vista hacia más lejos. 
El lado del suceder metafísico que está en contacto con nosotros posee parcialidad similar a la de la experiencia temporal. Como el de la materia, entra en contacto y modela de una u otra forma el microuniverso espiritual. La integración es posible, tanto en el plano material, como en el metafísico, en el fenómeno de mutua aceptación. 
Hay un compromiso que se asume en un momento dado, del cual no se regresa -o se puede volver sólo mutilándose. Ese compromiso es el amor. A través de él, vamos creciendo en la comprensión del Universo, y del hombre. 

II 

El transcurrir del Universo

Día de sol... Los niños juegan corriendo circularmente por el parque... Día de sol y frío seco... Tan agradable sensación de plenitud en los poros, la sensación de que todo está en equilibrio, un equilibrio de formas y sonidos, de perfumes, de colores, de distancias... Día de sol... Sentimos en la piel la temperatura precisa, el milagro de la comodidad perfecta... Todos los colores que se ven participan con el tono justo y los árboles, los animales, los niños, las calles y los edificios dan la impresión de un voluptuoso baile en donde cada bailarín se da la mano con el otro, gira, se detiene, camina o evoluciona en sincronía perfecta sobre la semoviente escena, adonde cada espacio que se libera da lugar a una forma escondida o evidente que lo ensambla... Día de sol... A lo lejos, alguien canta. 
Y adentro... 
Percibo las sensaciones de la manera más intensa y al mismo tiempo no las siento. Me coloco mentalmente en algún lugar alejado, a lo lejos o arriba, y desde allí me contemplo. Y desde mí mismo contemplo a mi yo que me contempla, mimetizado con la naturaleza. Nada de lo que hay allí me pertence y todo es mío. No hay relaciones causales entre las caricias que la mano de Alma produce sobre mi piel y el movimiento interior: no hay ordenación, sino simultaneidad. Adentro de mí hay una fuente de calor luminosa y colorida palpitando de vida, que produce agradables figuras energéticas circulando entre los órganos interiores, dotándolos de existencia y función con sus movimientos. Adentro de mí, el universo de la vida sube y baja. 

La materia se expande 

Al subir las escaleras dos muchachitas, una de ellas muy agradable, vacilaban en comprar las entradas. El las habló espontáneamente y las convenció a entrar. El lugar a media luz no estaba lleno, pero había las suficientes chicas y muchachos como para que el baile tuviera atracción. Las luces azules relampagueaban al ritmo de la música. 
El hizo de anfitrión y las condujo entre las mesas y las parejas a un lugar en que estuviesen lo suficientemente expuestas como para que alguien las invitara a bailar, porque no estaba muy seguro de que le interesara la bella pero un tanto desaliñada chiquilina de ojos grises. 
Con la promesa de volver las dejó ubicadas y se fue. 
Había entrado en una etapa de serenidad interior y seguridad exterior en la que todo lo que emprendía parecía destinado de antemano al éxito. Cada día era un sereno descubrimiento de nuevas correspondencias con la vida, en sus manifestaciones más hermosas. 
En esos días, conoció a Alma. 

O se estrecha para expulsarnos 

¡Es una empresa tan sobremanera difícil el vivir!... 
Cuanto más uno se ha dispuesto remontar los caminos de la conciencia al mismo tiempo que los de la existencia, tanto más los inconvenientes se multiplican. A veces me siento una impresión de irrealidad, como si todo lo que mi mente pudiera hacer fuera impotente; es una sensación extraña, casi de total desesperanza, y aburrimiento de todo lo que me rodea. Ahora mismo; tengo deseos de escribir, pero me siento desalentado por una especie de escepticismo... no estoy seguro de que cualquier cosa que diga pueda reflejar verdaderamente siquiera una sombra de los vaivenes de mi espíritu. Y si lo reflejara, ¿qué? ¿a quién le interesarían esos reflejos? Escribo para liberarme... Pero los mecanismos de represión interna son tan fuertes que ni siquiera digo una parte de lo que debería decir... Me doy cuenta de que todas estas palabras son una mera acomodación de signos convencionales asentadas de un modo más o menos armonioso, sin tener en cuenta esos movimientos de sensaciones y fervores que se deslizan superponiéndose, como en un enloquecido calidoscopio de figuras difusas y colores que se transparentan sobre indefinibles sombras o argumentos inmensurables... Y aun si pudiera decir algo... quién lo entendería. La comunicación es imposible con palabras. No sé si es posible de algún modo. En última instancia es cierto únicamente que estamos solos. En este cochino cuerpo que termina precisamente donde comienzan nuestros anhelos. De la piel para afuera nada es posible. Existimos encerrados en la cárcel de carne, piel y huesos, sin que nadie sepa qué sucede con el condenado que habita lo que llaman vida allí dentro. ¿Y qué sucede fuera? ¿Quiénes son los otros? No se sabe nada verdadero del mundo ni de los otros seres. Y ninguno puede decir en verdad nada de nadie. 
El Universo es un corazón 
Es un día de sol. Sobre las sillas de mimbre están sentados Alejo, Alma, Carlín y Marta, desnudos. 
El sol es cálido, pero hace frío: la piel de los cuatro ha reaccionado cubriéndose de puntitos pequeños. 
No habla nadie y no hay en el paisaje más irregularidad que aquellas cuatro personas desnudas, sentadas en sus sillas, temblando de frío sin hablar bajo el sol de invierno. 
En eso Alejo se levanta de su silla y de un violento mordiscón arranca un trozo de pecho a Marta y se pone a masticarlo. 
Marta no se inmuta. 
Sobre su seno chorrea la sangre y también sobre la barba de Alejo. 

Invierno de 1977. 


 

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